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De Guillermo de Baskerville a Gil Grissom: la deducción, la inducción y la ciencia aclaran misterios

Fuente(s): 
IMDEA Initiative

En el trabajo policial, el investigador debe utilizar a partes iguales el arte de la deducción, su capacidad de inducción, y los conocimientos acumulados por años de desarrollo científico y tecnológico. Algunos investigadores de los Institutos IMDEA nos darán pistas de cómo hacerlo el próximo 29 de septiembre, durante la Noche Europea de los Investigadores de Madrid, en la actividad IMDEA-CSI: investigando en la escena del crimen.


"Yo ya había descubierto que mi maestro, hombre de elevada virtud en todo y para todo, se concedía el vicio de la vanidad cuando se trataba de demostrar su agudeza y [...] comprendí que deseaba llegar a la meta precedido por una sólida fama de sabio". Así se refiere Adso de Melk a su maestro, el monje franciscano Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa de Umberto Eco. ¿Qué lleva a Adso a hablar así de su maestro? La capacidad de Guillermo para deducir que se ha escapado Brunello, el caballo favorito del superior de la abadía a la que se dirigen, a partir de: unas huellas en la nieve, unas ramas rotas, un chorro de detritus, y el saber que dicho abad es un estudioso benedictino. De esta forma comienza la novela que el escritor italiano situó en el muy lejano año de 1327, en una abadía benedictina en la que se suceden los crímenes mientras se debate sobre el poder terrenal de los papas. En su intento de descubrir al asesino, De Baskerville contará con su inteligencia y su perspicacia, y con el conocimiento científico de su época, muy escaso si lo comparamos con el actual.

Pasados desde entonces casi siete siglos, los "Guillermos de Baskerville" de antaño se han convertido en investigadores parecidos al Gil Grissom de la serie CSI Las Vegas, y cuentan con una ciencia cada vez más avanzada para ayudarles a resolver crímenes. El investigador actual tiene que seguir recurriendo a su capacidad de inducir o "extraer, a partir de determinadas observaciones o experiencias particulares, el principio general implícito en ellas"; y de deducir o "extraer una verdad particular a partir de un principio general", pero ahora cuenta con aliados que hace unos años no existían, como los análisis de ADN o de huellas dactilares, la cromatografía, el software de reconocimiento facial, o los ordenadores que gracias a su capacidad para almacenar y gestionar información permiten buscar en segundos centenares de datos sobre un sospechoso o una víctima.

La tarde del viernes 29 de septiembre, entre las 18:00 y las 21:00 horas, en la Residencia de Estudiantes de Madrid, vamos a poder ver un ejemplo de la utilidad de la ciencia en la investigación policial. IMDEA-CSI: investigando en la escena del crimen es la actividad con la que participan los Institutos IMDEA en esta edición de La Noche Europea de los Investigadores de Madrid 2017, proyecto europeo enmarcado en el programa Horizonte 2020 coordinado en Madrid por la Fundación para el Conocimiento madri+d.

Los investigadores invitados, que vienen de los Institutos IMDEA Agua, Alimentación, Energía, Materiales, Nanociencia, Networks y Software, intentarán resolver un misterio ¿el robo de la fórmula de un nuevo material que revolucionará el mundo? ¿el asesinato de un antiguo deportista consumidor de sustancias prohibidas? ¿la caza del pirata informático que se hizo con información confidencial de un despacho de abogados? Las posibilidades son muchas. Y la ciencia de la que hablarán los investigadores invitados, también será mucha y muy variada.

Como en las ediciones anteriores de La Noche Europea de los Investigadores de Madrid puede que haya música en directo, puede que parte del público participe de forma activa en la búsqueda de pistas, puede que el culpable esté entre el público, o que sea uno de los investigadores invitados. Puede que sea la víctima la que se encuentre entre el público,... o entre los investigadores. Todo esto puede ocurrir, o puede que no ocurra. ¡Ese será el primer misterio a resolver!

IMDEA-CSI: investigando en la escena del crimen servirá para comprobar que también al "mundo del crimen" ha llegado la revolución de la ciencia para hacer posible lo que antes era solo un sueño, para hacer cada vez más difícil que el culpable salgo indemne. En definitiva, servirá para entender que la ciencia actual da cada vez más y mejores instrumentos a los investigadores de la policía. Y esperamos que también sirva para que el público conozca un poco mejor a los científicos de los Institutos IMDEA y el trabajo que hacen, para que comprueben en primera persona que buena parte de lo que hacen sirve de forma directa e inmediata para mejorar nuestras vidas.

Si todos fuésemos como Chevalier Auguste Dupin, el "detective aficionado" imaginado por Edgar Allan Poe, poseedor según su creador de "un talento particularmente analítico", que "se vanagloriaba [...] de que muchos hombres, para él, llevaban ventanas en el pecho", seguramente la ciencia no sería imprescindible para perseguir el crimen. Pero, por suerte o por desgracia, Dupin o Holmes hay muy pocos. Y, por suerte, tenemos a la ciencia para sustituir su genialidad por trabajo y por conocimientos e instrumentos de análisis cada vez más sofisticados.